"SÍ ES PARA TANTO" (Mario y yo)

"Sí es para tanto." (Mario y yo).
Creo que llegué a Mario por puro egoísmo. Andaba yo en mi adolescencia cuando quise regalar algo a un incipiente proyecto de novia. En el periódico anunciaban una novela de él: Primavera con una esquina rota, pero el librero que me atendió se presentó con dos libros diferentes La Tregua y Inventario, parece ser que la primavera no había llegado todavía a aquella esquina del mundo. Juro que hasta entonces sólo conocía las canciones de Nacha que había oído una y otra vez hasta el hartazgo de mis vecinos (entiéndanlo: yo era un adolescente demasiado pasional). La cita con la chica se demoró en el tiempo por razones familiares (vivíamos en ciudades diferentes) y empecé sin querer a entrar en los poemas de Benedetti y ya no pude salir. Ni que decir tiene, que cuando por fin me presenté a la cita, los libros se quedaron en casa y fueron sustituidos por una vulgar caja de bombones. Evidentemente creo que la chica esperaba algo más y nuestra historia de amor duró menos que lo que tardamos en comernos los bombones.
De aquellos dos libros vinieron más. Montevideanos, El cumpleaños de Juan Ángel. Por fin La primavera con una esquina rota, La borra del café, Andamios... varios libros de Cuentos y siempre su poesía. Las ediciones de Inventario fueron pasando por mi estantería para ir a las manos de la amiga o la cómplice de turno (la mayoría, he de confesar la verdad, ni siquiera eran proyectos afectivos, aunque siempre fuesen ideológicos). No se si ellas entendieron la importancia de ese tesoro compartido, pero se que a él, desde su enorme modestia, le habría encantado siempre acabar en manos femeninas... Mucho mejor que aquella vez que perdí durante el servicio militar, uno de sus libros y una edición bilingüe de Las Flores del Mal de Baudelaire (la literatura da extraños compañeros de viaje). Seguro que aquellos dos libros acabaron quemados por algún militarote, que los encontraría demasiado subversivos. Porque ese era su sino. Su palabra siempre fue arma peligrosa.
Tomé como máxima de mi vida una frase que salió de uno de sus poemas que me sorprendió una noche en una versión de Pablo Milanés y creo que yo sorprendí al poema con un nudo en la garganta del cual no me he desecho todavía. En Hombre preso que mira a su hijo, la palabra militante convertida en referencia "uno no siempre hace lo que quiere, pero tiene el derecho de no hacer lo que no quiere". Tal vez no he tenido muy claros los nortes en mi vida, pero en el camino, por lo menos no he hecho lo que ha ido en contra de mis ideas. Y no me ha ido tan mal.
Entré en la década de los 90 con buen pie. En los Cines Verdi de Barcelona, hubo una sala que los fines de semana, en sesiones de media noche pasaban El Lado Oscuro del Corazón película que me llevó de la mano de Benedetti a descubrir la poesía de Gelman y Girondo, y la escusa perfecta para llevar a la conquista de turno a que Mario nos diese su bendición desde la pantalla, vestido de capitán de barco y recitando el "Corazón Coraza" en alemán. El filme de Subiela estuvo tanto tiempo que me dio para llevar por lo menos a cuatro mujeres (la última vez con gabardina, gafas oscuras y sombrero, para que la taquillera no me reconociera y no adivinara mis libidinosas intenciones posteriores)... Al final senté la cabeza y la que más tarde fue mi esposa (que no pasó por los cines Verdi) me conseguiría colar en un recital concierto de A Dos Voces, con Mario y Viglietti. Nunca se lo agradeceré lo suficiente. El recital fue estupendo, entrañable, mágico (aún más cuando como espectador, detrás de nosotros estaba el cantautor Paco Ibáñez). A Mario y a Daniel se les acabó el repertorio, y tuvieron que "improvisar" unos bises que ya no eran textos de temática común. Viglietti cantó A Desalambrar y Mario recitó Los Formales y el Frio. Después hice cola a la puerta del camerino para que firmase uno de sus libros... Confieso que no estuve demasiado brillante al agradecerle lo mucho que había hecho por mi en tantos años... él sólo sonrió humildemente, (pequeño, menudo, entrañable) y me dijo "...bueno... no es para tanto." Después, con una cámara analógica (era mediados de los 90) nos hicimos una foto que ha presidido una esquinita en casa, mi gran momento de gloria individual. Pero la mayoría de los que me visitan, preguntan si aquel señor bajito que hay a mi lado es mi padre, mi abuelo o mi suegro.
Con el paso de los años, creo que he tomado conciencia de que,en el fondo, somos como sus personajes tristes, llenos de pequeños matices pero grises al fin al cabo. Una especie de Martín Santomé pero sin Avellaneda. Aún así, y gracias a él he seguido conociendo gente bella (siempre por dentro, pero también por fuera). La última apareció rodeada de melancolía del norte y atardeceres llenos de llovizna y en las confesiones a media voz, teníamos a Benedetti como referente en vidas algo paralelas, hasta con un momento de gloria personal que ella no inmortalizó por un poco de vergüenza... El pasado 18, al conocer al conocer la inevitable noticia, intercambiamos unos mensajes tristísimos. Ni siquiera me atreví a ponerle voz a mis sentimientos encontrados ese día.
Por eso... Sí es para tanto.
Por que gracias a ti se abrieron siempre puertas. Al amor en general y a mujeres en particular. A los tangos. Al Rio de la Plata y a soñar con viajar en barco desde Montevideo a Buenos Aires. A la literatura latinoamericana, por que detrás de ti vinieron Onetti, y Rulfo y Allende y García Márquez (aunque a Gabriel habría llegado de todos modos, por una relación "casi" familiar)... A intentar poner una palabra tras otra (siendo un inepto para el verso, opté por los cuentos .Juro que fue sin querer, pero creo que alguno salió con un estilo algo "Benedettiano"). Contigo se abrió la puerta de la concienciación política, de la idea coherente y militante. Del exilio y de la terrible realidad en que vivieron tu país y tus países (por que eres patrimonio del cono sur pero también de toda Latinoamérica). A saber canalizar la rabia por las injusticias a través de las ideas. A entender que no hay nada más revolucionario que la fuerza de la palabra...
Han sido muchos años juntos. Dos terceras partes de mi vida has estado ahí detrás de las ideas y de los sentimientos. Gracias. Ningún amigo me duró nunca tanto. Ninguno me durará tanto.








la-cocina-de-samira dijo
Hola Cuatrocientos :-))
Qué suerte has tenido de conocer a este maestro de las palabras y además poder dejar constancia de ese encuentro con una fotografía.
Ha sido una gran pérdida , las despedidas son tan tristes..........pero jamás morirá porque somos muchos los que le queremos y le llevamos en una esquinita de nuestro corazón para siempre.
Besinos .
PD : Se te echa de menos , ya sabes que siempre es un placer leerte.
21 Mayo 2009 | 05:54 PM