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La Coctelera

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6 Octubre 2008

LOS ELEGIDOS una fantasía moral y política (I) cuento.

Desde el amplio ventanal de la suite 1203 del Crowne Plaza, el senador veía atardecer sobre la ciudad. Se sentía satisfecho. Todo estaba saliendo según lo previsto. El golpe de efecto al presentar a Sarah en la convención de Ohio comenzaba a dar sus frutos: por primera vez las encuestas habían roto el empate técnico y empezaba a sacar una importante ventaja al otro candidato.

Se encontraba solo en la suite. El “nido” como llamaban a la habitación que servía de cuartel general, siempre estaba lleno de personas que entraban y salían; asesores, secretarios, miembros del equipo de seguridad… Había llegado para preparar la ceremonia de nominación aquella misma mañana y tras pasar todo el día repasando los discursos y ajustando el acto con todo el equipo, ahora tenía un momento de paz.

Tres televisores escupían sus imágenes sin sonido. Uno conectado con la CNN, otro con Fox News, y el tercero con el canal del tiempo. El cielo de Minnesota le gustaba. Mientras lo veía a través de la ventana, pensaba que el azul era mucho más intenso en los estados del centro del país que en los de la costa, aunque ahora en las últimas horas de la tarde, se empezaba a volver ligeramente anaranjado. Una puesta de sol tranquila y espectacular. Nada que ver con las noticias que llegaban del sur del país con la amenaza del huracán.

Mirando la ciudad intentaba descubrir si estaba cansado. Realmente no lo sabía. Se encontraba con fuerzas para seguir en la campaña, por supuesto, y llegar a la presidencia y llevar el timón del país, aunque tuviese setenta y dos años. Pero por otro lado, creía que llevaba demasiado tiempo en precampaña y ahora venía lo peor. Tenía que estar en perfecto estado para lo que se le venía encima. Su rival tenía veinticuatro años menos y no quería que la gente viese en él a un hombre demasiado viejo, agotado, acabado. Ese era el motivo por el cual -a regañadientes- había aceptado a Sarah como candidata a la presidencia. Él hubiese preferido un hombre, o a una mujer con más experiencia política, como Condolezza o Hillary, con ese nivel de prestigio y profesionalidad, pero “los inversores”, como él los llamaba, se la habían impuesto. Era el tributo a pagar al sector mas conservador del partido. Aún así, reconocía que aunque tenía poca experiencia política, había sido un acierto. En Ohio había deslumbrado a todos. Daba un excelente perfil: brillante profesional, buena gestora, mujer trabajadora, madre luchadora con cinco hijos, familia tradicional, de estricta moral conservadora y un pasado como reina de belleza que la conectaba con el ciudadano de a pie.

La puerta de la habitación se abrió de golpe y entraron sin llamar los cinco asesores principales. El senador estaba acostumbrado a que entrasen en cualquier momento. Siempre habilitaban la mejor suite para utilizarla como centro de operaciones, alojándose con todo el equipo en el resto del hotel. Para la convención de Minnesota habían reservado dos hoteles completos el Crowne y el Saint Paul, donde por motivos de seguridad, alojaron al equipo de Sarah. Los dos a escasos metros del Xcel Energy Center.

-¡Houston, tenemos un problema!- dijo Allan Ross al llegar a la mesa de despacho.

-¿Qué ocurre?... ¿Ha llegado ya?... ¿Cuántos muertos hay?... –preguntó el senador sin inmutarse, mientras continuó ausente mirando a través del ventanal.

-… ¿Muertos?... No… ¿A qué te refieres John? – Rick Davis era el hombre de confianza del senador. Su mano derecha, su director de campaña y el único que dentro del equipo se atrevía a tutearle.

El candidato se giró y se puso frente a ellos en la mesa. Se acomodó en el sillón. Los miró uno por uno a los ojos intentando adivinar cuál era el problema.

-¿No es el huracán?... ¿El Gustav?

-No John- Respondió Rick. –De momento no ha tocado la costa se espera para esta noche o para mañana a primera hora…

-¿Entonces?

Al Waterhouse, el más joven de los cinco, un brillante becario de la universidad de Columbia, dejó unos folios encima de la mesa.

–Se trata de Sarah…

El candidato buscó sus gafas entre los papeles de la mesa y ojeó los documentos.

Al continuó.

–De momento es sólo un rumor que hay en algunos foros de Internet, sobre todo de uno de “ellos” que no hace más que tirar mierda contra nosotros. Creo que deberíamos hacer algo. Si no lo controlamos nos puede hacer mucho daño…

El jefe de prensa Randy Shemenmann intervino.

–Mi contacto en el USA Today, dice que ellos ya lo tienen y que lo van a publicar “como un rumor de la red” en la próxima edición. De ahí a que salga en el Times o en la CNN hay un suspiro. Tenemos que pararlo cuanto antes...

El candidato osciló la butaca de un lado a otro mientras leía con más atención. Los folios eran transcripciones de unas páginas de internet donde se ponía en duda la última maternidad de Sarah. Es más, se insinuaba casi directamente que el pequeño Trig no era su hijo, sino su nieto; maniobra que habría urdido para ocultar el embarazo de su hija adolescente de dieciséis años. Los internautas especulaban sobre el poco tiempo que se había visto a la gobernadora embarazada –sólo el último mes antes del nacimiento-; la ausencia de casi seis meses del instituto de su hija Bristol, y el escaso periodo que la gobernadora tardó en volver al trabajo, que según el foro era entre el mismo día del parto y tres jornadas después, algo extraño en cualquier caso.

El senador dejó los folios sobre la mesa y se recostó ligeramente en el sillón. Apoyó el codo en el brazo de la butaca y hundió la cabeza en la mano, sin fijar los ojos en nadie, dejando la mirada suspendida en el aire.

-¿Se lo habéis dicho a Sarah?- dijo con un hilo de voz.

Rick Davis le conocía bien. Llevaban juntos más de veinte años, desde que se presentó a Senador por Arizona. Por eso reconocía perfectamente los estados de ánimo del candidato y podía predecir con exactitud milimétrica sus ataques de ira. La verdad es que el senador tras su sonriente cara redonda, su impecable traje oscuro cruzado, su venerable cabellera blanca, sus modales correctos su aspecto de director de oficina bancaria del medio oeste; tenia un mal genio de la peor especie. Empezaba casi en silencio, murmurando cosas incomprensibles para acabar en un crescendo verbal. Rick se temió lo peor…

-La hemos convocado en una reunión de urgencia. Viene para acá. Llegará en diez minutos- confirmó Rick, intentando adelantarse a las consecuencias…

-Bien… Bien… -El senador entrecruzó sus dedos delante de la cara y apoyó la barbilla. Giró totalmente el sillón y así, de espaldas a sus colaboradores, siguió oscilando el sillón de izquierda a derecha. En silencio, pensando….De pronto se levantó y se dirigió al ventanal. Se quedó mirando la calle con las manos apoyadas en las caderas por el dorso.

-¡Dios!... ¡Dios! ¡¿Pero cómo he podido ser tan imbécil?!!!- dejó pasar unos segundos, mirando el suelo de las calles. Se dio la vuelta y regresó con sus colaboradores. -Esto me por pasa por dejarme influenciar por unos incompetentes… “Una mujer, una mujer…” -repitió con tono burlón- ¿No queríais una mujer? Pues ahí la tenéis. Ahí tenéis vuestro golpe de efecto…- dijo señalando los folios de la mesa. -Si hasta Giulianni habría sido mejor vicepresidente… ¡Y si querían una mujer que se hubiese disfrazado de nuevo!!!

Las palabras del senador quedaron colgadas en el aire durante algunos segundos. Sólo Rick se atrevió a romper el silencio.

-… Pero John, teníamos que aprovechar el efecto Hillary. Y Sarah era una candidata perfecta…

- ¡¿Perfecta dices?! -le chilló el candidato -¿A esto llamas perfecta?- dijo golpeando furiosamente con dos dedos sobre los folios.

Peter Golberg que hasta ahora había permanecido en silencio, salió en apoyo de Rick.

-…Una vez fuera de la carrera Hillary, teníamos que jugar la baza de la mujer americana, y ponernos por delante en ese asunto…

El senador hizo una risa sarcástica y falsa.

-Ja, ja, ja… La mujer americana lo único que quiere es tener dinero y un tipo que la monte todos los días… ¡a la mujer americana no le interesa la política!

-Pero los inversores… -Golberg era el que dirigía el departamento económico de la campaña. El importante “Lobby” del petróleo era el que lo financiaba prácticamente todo y los que habían impuesto a Sarah como candidata a la vicepresidencia. Su marido era un importante ejecutivo de ellos en su estado, y tras Chenney, que desde el gobierno había sido obediente y disciplinado, querían en la próxima legislatura tener la presidencia controlada. Al senador le molestaba especialmente que hablasen del dinero de la campaña, por eso se encaró con su asesor.

-¡Que se jodan los inversores! Ellos habrían apoyado lo que yo hubiese hecho… Sin discusión. Si yo me hubiese impuesto ahora no estaríamos así... Pero me dejé convencer por cuatro bobos..

-O nos podíamos haber quedado sin dinero a media campaña…

- No… Ya veo, ya... Vosotros también queréis hundirme ¿Qué queréis? ¿Queréis que un don nadie os dirija? ¿Queréis al negrito de presidente? ¡Sí! ¡Eso es lo que queréis! … ¡Que un puto chimpancé lleve las putas riendas del país! ¡… Pues hacedlo también candidato de nuestro partido! ¡Así os ahorráis las elecciones!

A Al Watherhouse le incomodaba la forma de expresarse del senador cuando se enfadaba. Tenía miedo que trascendiese a la prensa lo mal hablado que era en ocasiones…

- Senador, por favor… No debería usar ese lenguaje…

En dos zancadas el candidato se puso delante de él. -¿Pero tú de dónde sales, niñito? ¿Crees que hay micrófonos? ¿Crees que alguien nos puede escuchar?... Fuimos “nosotros” los que hicimos el Wathergate…“Nosotros” los que ponemos los micrófonos… “Nosotros” los que lo controlamos todo… ¿Cómo te crees que nos enteramos de lo de la Lewinsky? ¿Por la prensa? Cuando “Nosotros” mandamos: ¡Mandamos! Y cuando ellos ganan somos “Nosotros” los que les dejamos el poder y les controlamos… Ellos son un atajo de bobos sin imaginación… ni se atreverían…

El senador regresó al ventanal y se quedó en silencio. Puso las manos atrás y empezó un merodeo de lado a lado del enorme cristal. Rick Davis intuyó que la tormenta estaba pasando e hizo un gesto a sus compañeros para que se sentaran. Por un segundo pensó en la imagen de un globo desinflándose… Sí, parecía que se estaba calmando.

-¿Qué opciones tenemos?- dijo en un tono más tranquilo…

-Tenemos que hablar con Sarah primero. Ver que hay de verdad en esta historia y actuar en consecuencia…

El candidato se volvió a sentar en el sillón y tomó de nuevo los folios para volverlos a ojear. Leía atentamente y cabeceaba suavemente exhibiendo cierto malestar. Casi se podía escuchar su profunda respiración de animal acorralado. Sus colaboradores lo observaban en un silencio incómodo y se miraban unos a otros o se perdian por las paredes de la suite sin prestar atención a nada intentando que alguien o algo rompiese el momento… Ese algo fue el auricular de Davis. Camuflado, como un reloj de pulsera normal, llevaba un micrófono inalámbrico y un pequeño auricular conectados a una microemisora para estar siempre en contacto con el equipo de seguridad, dar las ordenes y recibir la última información. Se levantó y se giró mirando a la puerta, para no incomodar al senador.

-Sí… Bien… Ok, ok… Sí, ya podéis subir. Estamos en el “nido”. Os estamos esperando… -Luego se dirigió al candidato -John, ya están aquí. El senador alzó la mirada y dejo los folios sobre la mesa. Se recostó sobre el respaldo y cruzó la mirada con su jefe de campaña.

Rick Davis vio por primera vez la preocupación en los ojos del candidato…

(Continuará…)

Tags: moral, etica, cuentos

servido por los-cuatrocientos-golpes 4 comentarios compártelo

4 comentarios · Escribe aquí tu comentario

fenicia

fenicia dijo

Me alegro mucho de volver a leerte con calma
kisses
Feni

6 Octubre 2008 | 05:14 PM

nil

nil dijo

muuuuuuuuuuuahhh! Eres genial!

8 Noviembre 2008 | 03:14 AM

los-cuatrocientos-golpes

los-cuatrocientos-golpes dijo

FENI...

A duras penas pero noquiero tirar la talla. Aqui seguimos...
Prometo pasar por tu casita..

BESOS.

14 Noviembre 2008 | 10:43 AM

los-cuatrocientos-golpes

los-cuatrocientos-golpes dijo

NIL...

Se que presenta un cierto rechazo el encontrarte textos que no se han de leer en mas de 20 segundos... pero no se sintetizar mas.

Gracias por el esfuerzo.

BESITOS

14 Noviembre 2008 | 10:45 AM

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Historias. relatos, cuentos... que se yo. ¿Verdad? ¿Mentira? Realidad... Ficción... No lo se. No se nada de mi... De nadie... De nada... Soy Jeckill y Hide, Dorian Grey y su retrato... El asesino y la victima... El replicante y el Blade Runner...o tal vez nada. Un hueco. El vacío. Solo la máscara que ves...
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