TO BE OR NOT TO BE
Soy o no soy
No soy yo. Desde hace tiempo sospecho que la imagen que me devuelven los espejos no es la mía. Por la mañana, cuando entro en el cuarto de baño, el tipo que se refleja en el lavabo hace lo mismo que yo. SI miro a mi derecha, él lo hace a la izquierda. Si sonrío, sonríe. Si bostezo, también lo hace, sincronizádamente conmigo. Cuando me rasco la nuca, él también lo hace. Coge el cepillo de dientes con su mano izquierda mientras yo lo mantengo en la diestra… Si canturreo, el mueve los labios al compás de mis notas, pero solo oigo mi propia voz... Si limpio mis orejas con un bastoncillo el también lo hace… pero sospecho que no soy yo.
Le tiendo pequeñas trampas a ese tipo. Intento hacer cosas insospechadas, imprevistas. Me agacho de repente y estoy unos segundos sin que me vea, para aparecer de repente, y de momento, el también aparece. Cuando voy a la peluquería, el también aparece con el mismo corte de pelo… Me rasco la barba, como dando a entender que quiero afeitarme, y al ir a alcanzar la maquinilla, mis dedos agarran el bote de desodorante… y el hace lo mismo. Le miro fijamente a los ojos, intentando aguantarle la mirada, y se queda ahí impasible mientras yo no pestañeo… A veces tengo la sospecha que vive ahí, dentro de ese mundo virtual inverso al mío. Sentado en un taburete, fuera de mi ángulo de visión, esperando que yo entre para hacer mis gestos r
No puedo ser yo. Sí, reconozco que se me parece enormemente. Que tiene unos ojos idénticos a los míos, la misma cicatriz en la ceja; pero, claro está, el la tiene en la derecha… El mismo pelo despeinado… el mismo desaliño por la mañana… O no. No puede ser que yo tenga ese aspecto. No acepto esas ojeras de dormir poco, de haber pasado la noche de juerga… Yo intento llevar una vida ordenada, correcta; del trabajo a casa y de casa a la oficina… No puede ser que sea yo ese personaje que parece haberse bebido de un trago, o de miles, toda la madrugada… Ese aspecto pendenciero, esa media sonrisa, casi maléfica, esa pinta de golfo no es la mía… esa cara resacosa, embotada, acartonada, con los ojos hinchados y enrojecidos no me pertenece, no la reconozco como propia…
...Por que yo, anoche creo que no salí… o al menos ahora, delante del espejo, no lo recuerdo.









curarme-de-ti dijo
Quién sabe, Truffaut, a lo mejor es él el que sale por las noches, ese personaje al otro lado del espejo, el que se bebe las madrugadas sin tú saberlo y por eso a ti se te pintan las ojeras en el rostro cuando te plantas frente a él. Pregúntale, interrógale, a ver si logras arrancarle una confesión. O será, tal vez, que los artistas multidisciplinares son necesariamente desaliñados ;) Besos envidiosos a tres días de tu descanso...
1 Julio 2008 | 11:45 AM