EL SINDROME DE LA PEPSICOLA
Lo confieso. Soy una Coca-Cola. No soy cualquier cosa. No soy un refresco barato, un zumo de cartón, un batido de leche desnaturalizado... cualquier bebedizo refrescante y anodino. Porque YO no soy un líquido para calmar la sed. Soy algo más. Soy una forma de entender la vida. Un símbolo de la humanidad. Un pozo de cultura. Un universo propio... Es evidente que no tengo envidia de nadie. Por supuesto no la tengo de ningún líquido con burbujas sea del color o del sabor que sea. Pero tampoco la tengo de bebidas espirituosas ni de extractos naturales de fruta; aunque tenga una gran admiración por algún whiskey de maíz con etiqueta negra, o algún zumo francés de manzana turbia... Me llevo bien con casi todos. Soy parte indispensable de la vida de las personas que me rodean. Respeto a los competidores. Porque para mí no lo son. No están en mi mundo. No insulto. No copio. No plagio. Sólo los líderes somos así...
El primero, el líder, no ha demostrar nunca que es el mejor. Eso ya lo demuestra el mercado cuando elige una marca como referencia. El ejemplo de Coca-Cola es muy práctico. Su publicidad nos vende continuamente una forma de entender la vida. No nos vende un refresco. No nos dice que bebamos Coca-Cola. Nos vende felicidad. La vida según Coca-Cola. Nos dice que si tomamos esa fantástica pócima, nuestra vida va a cambiar y se va a llenar de luz, verdes praderas, fabulosas zonas residenciales y descapotables en la puerta de casa. Vamos a pertenecer al exclusivo grupo de la gente feliz. El estándar de vida americano filtrado en los alambiques de la gran marca. la vida en todo su estilo.
En cambio, los que vienen detrás, siempre tienen que estar diciendo que son los mejores. Los secundarios siempre quieren ser como el que va en cabeza. Siempre tienen que decir que ellos sí son superiores al líder. No tenemos en España la costumbre de la publicidad comparativa, pero los americanos que nos llevan una inmensa ventaja en casi todo, tienen un montón de ejemplos sobre esto. Allí Pepsi, continuamente está haciendo anuncios en los que vende este concepto. Publicidad en la que aparece casi siempre la primera marca, es decir Coca-Cola, desprestigiada; como una bebida antigua, arcaica, obsoleta, pasada de moda, sólo para personas mal encaradas y malhumoradas... Pepsi Cola desde su publicidad, en el fondo lo que vende es sólo por un refresco, una bebida para pasar la sed... Intentado machaconamente repetir siempre que es mejor que la primera marca y gastando enormes esfuerzos en ello. Ésa es la diferencia. Ese es el síndrome.
En la vida tenemos infinitos ejemplos de eso. No me refiero sólo en términos comerciales. Las personas continuamente tenemos envidia de los triunfadores. Desde el que tiene un trabajo mejor nuestro, hasta el vecino que se ha comprado un coche nuevo... Es entonces cuando intentamos superar al de al lado. Buscando más tiempo libre en nuestro trabajo para demostrar que es de mejor calidad, o nos hipotecándonos hasta las cejas para tener un bien que muchas veces no nos es necesario. Y en otros niveles también funciona igual. El fútbol por ejemplo está lleno de casos. El Barça, el Nápoles o el River Plate, siempre han sido Pespsicolas, se han pasado la vida intentando demostrar que son los más grandes, que tal vez los sean, eso no lo discuto, pero invierten demasiado esfuerzo en decirlo. En cambio, ser de Real Madrid, de la Juventus, o del Boca Juniors, es una forma de entender la vida y no están continuamente haciendo gala de su grandeza regodeándose -o quejándose- de su diferencia y repitiéndolo hasta la extenuación... También los nacionalismos periféricos, y los pequeños pueblos sin estado padecen este síndrome. Catalanes, vascos, escoceses o corsos, se pasan la vida mirándose el ombligo para creerse que son mejores que las naciones a las que políticamente pertenecen. Pierden el tiempo, y el dinero de los contribuyentes, en reafirmaciones gratuitas de identidad, en lugar de preocuparse del bienestar de los ciudadanos...Y no sólo ellos. Los países en los que se miran estos nacionalismos también tienen su síndrome respecto a países donde se vive mejor, son más grandes y tienen un nivel de vida más alto. Por que en el fondo, aunque digamos pestes de ellos, todos queremos ser americanos. Bueno, todos menos los franceses que han hecho una ciencia de mirarse continuamente lo bellos que son en un espejo, su chauvinismo genético se lo impide...
Deberíamos preocuparnos un poco mas por superarnos siempre a nosotros mismos, a ser mejores cada día, sin importarnos a quien tenemos al lado, sea persona, club de fútbol, nación o lata de refresco. Por que en el fondo, si miramos en nuestro interior, todos sabemos que somos un poco Coca…
Pero yo… (y no se lo digas a nadie), bebo Pepsi.







nilmarly lopez dijo
No podemos ser coca-cola y caerles bien a todo el mundo, pero tampoco podemos ser pepsi y pensarnos superiores, por que no ser agua, todo el mundo tiene que tomarla y no es mejor ni peor que nadie. beso
17 Mayo 2008 | 05:56 PM