BESOS (cuento)

Por las tardes jugaban a la salida del colegio. Ella era pequeña, con los ojos muy grandes y tristes, como a punto de echarse a llorar, tímida pero con carácter -me llamo Concepción, no Conchita- solía repetir a menudo cuando alguien, burlón, le cambiaba el nombre. A veces, con la pandilla, se perdían por los bosques cercanos y ella se aferraba a su mano para sentirse segura... Siempre olía a las naranjas de la frutería de sus padres. Tal vez por eso a Carlos le gustaba.
Con los ojos vendados oyó las risitas de las niñas. Notó los pasos y la presencia de alguien... y pasó de largo. Unas risitas más y otra niña pasó por delante de él, casi se paró, pero intuyó que el beso se lo llevaba Antonio, que estaba un poco más allá. Los pasos de la tercera chica se detuvieron delante de él. Reconoció un aroma de fruta familiar al tener el cuerpo de ella al lado. Carlos sintió un poco de vergüenza cuando ella le susurró al oído: “me gustas“, y notó casi en la comisura de los labios, la calidez de la boca de ella.
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El tren ya entraba en la estación. Carlos gritó: ¡¡Primero los tíos y después las nenas!! Fue recibiendo abrazos y tópicos: que cuidado con el bromuro, que al loro con el calabozo, que un año pasaba pronto... Le sonaron a frases hechas. Laura se puso de puntillas y lo abrazó -No nos vayas a traer la muñequita de la corneta...-. Se rieron. Después miró a Concepción que se había quedado para el final. La levantó por la cintura. Seguía siendo menuda. Pasó los brazos por su cuello, para no caerse, y le besó en la mejilla. -Vuelve pronto- dijo ella antes de dejar que sus pies tocasen de nuevo el andén. Sus miradas se cruzaron. Por un momento, pensó Carlos, que aquella era la única frase que había sonado de verdad...
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La lluvia de arroz cayó implacable sobre ellos. Se parapetaron bajo el brazo de Alfonso y el velo de novia. Un enjambre de personas se arremolinó ante ellos y los separó. Concepción se dedicó a las amigas histéricas, recibiendo besos y risitas. Él no paraba de dar la mano a parientes desconocidos que su madre le iba presentando en un tono casi como de rezo de rosario. De pronto, tuvo delante a un rostro familiar. -¡Carlos, pero...¿qué haces aquí? - gritó Alfonso para hacerse oír en aquel jaleo. Él, con una sonrisa le respondió -he venido por lo de mi padre, ya sabes. Llegué anoche y me dijeron que os casabais. He pasado un momento a saludaros... -Tienes que venir a comer con nosotros, te hacemos un hueco en la mesa de la peña... ¡y te vienes!- dijo Alfonso entre autoritario y divertido. -No puedo de verdad, te lo agradezco. Esta tarde tengo que estar de vuelta en Toledo... -¡Carlos!- La voz de Concepción cortó sus palabras. Ella se puso al lado de su flamante marido, y las explicaciones se repitieron. -Estás muy guapa. Mucho...- Ella se lo agradeció sonriéndole con los ojos. -Siento lo de tu padre- dijo Concepción cambiando de tono. -Son cosas que pasan...- le restó importancia él. Carlos miró a Alfonso con cara maliciosa, sabiendo que entraban en el momento de los tópicos -¿Puedo besar a la novia?- preguntó con falsa inocencia. Alfonso rió -Sí, pero no mucho, que no quiero que me la gastes...-. Ella le cogió del hombro para ofrecerle su mejilla, pero Carlos, le pasó una mano por la cintura y buscó un brazo de ella con la otra, para darle un cómico quiebro de tango. Casi se caen en los escalones de la iglesia. Hubo risas, e incluso alguien corrió a ayudarles a levantarse. Al recuperar la verticalidad, él la besó en la mejilla, y le dijo algo, bajito, que entre aquel coro de parientes chillones, apenas pudo entender. La volvió a besar en la misma mejilla y ella le miró a los ojos con cierta extrañeza. Carlos respiró profundamente, como para salir de un momento incómodo y le huyó con los ojos. -...Bueno, pareja, portaos bien... Me tengo que ir, de verdad... - y desapareció entre los invitados. -¡Carlos! ¡Estrenamos dentro de dos meses, en las fiestas del pueblo! A ver si puedes venir...- alcanzó a gritarle Alfonso. La respuesta, si la hizo, se perdió en el jaleo de la gente.
Horas después en el banquete, justo después de los postres, y mientras Alfonso atendía unos parientes, Concepción empezó a canturrear “el pequeño vals vienés” de Leonard Cohen. Era el tema que había elegido para abrir el baile, por que estaba harta de tanto “Danubio azul“. Su mente pasó de la canción, al instante en que Carlos le regaló el LP, y le tradujo la letra. Sonrió al recordar el momento. De ahí, pasó a la escalera de la iglesia. Un pequeño escalofrío le recorrió la espalda, cuando por fin comprendió que Carlos, tres horas antes, le había dicho entre los dos besos: “todavía, te quiero”.
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Cogió a Sofía en brazos y salió de la farmacia. A lo lejos vio una mujer que creyó resultarle familiar. Andaba rápida, como ausente, y de pronto desandó un poco y se detuvo en un escaparate. No se percató cuando él se paró detrás ella. La miró de medio lado, interrogándole con el gesto -¿Concepción?-. Ella respondió sin darse cuenta -¿Sí?-, entonces le miró y casi tampoco lo reconoció -¿Carlos...?-. Se sonrieron e intentaron besarse. Fue incómodo con la niña en brazos, y se rieron de la circunstancia. -¡Qué sorpresa...! ¿Qué tal estás?- dijo él. Concepción miraba a la niña haciéndole una caricia en el bracito -Es igual a ti... Tiene tus ojos-. Carlos le agradeció el cumplido. -Pero... ¿qué haces por aquí?-. Ella le contestó con cierta ambigüedad que andaba de médicos. -¿Te ocurre algo?- Le preguntó intentando adivinar la respuesta en su mirada. Concepción bajó los ojos y le quitó importancia - no... Es sólo un pelín de depresión. No es nada...- Entonces Carlos, descubrió que parecía aun mas triste de lo que recordaba. Ella miró el reloj, buscando una excusa -voy a perder el tren... tengo que irme...-. Carlos dejó a Sofía en el suelo. La cogió por una manita y la niña se agarró a la pierna de Concepción con la otra. Él se atrevió a abrazarla para despedirse. Cuando tuvo la mejilla de ella al lado de la suya volvió a preguntar -¿estás bien?-. Ella, con un pequeño suspiro, respondió -No mucho, no...- Carlos notó como ella quería liberarse del abrazo, y la dejo marchar. -Te lo juro, es tarde. Voy a perder el tren... adiós…- y empezó a andar. Carlos volvió a tomar en brazos a Sofía y vio como ella se perdía calle abajo.
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Mientras caminaban, ella le hablaba de la obra, los ensayos, de los nervios... de cómo, a última hora, le ofrecieron el papel, para sustituir a otra chica... Tras la representación estaba eufórica. Se le notaba que el grupo de teatro le sentaba bien. Él se limitaba a escuchar y a cubrirla con el paraguas. -...y cuando me dijeron que veníamos a Toledo... Lo primero que pensé fue en ti, si aparecerías, si te seguiría gustando el teatro, si estarías en algún grupo, si habrías acabado aquella obra que empezaste a leerme... No se... pequeñas cosas, pero todas relacionadas contigo-. Carlos se sonrojó un poco con los recuerdos de ella pero le sonrió -¿Pues sabes una cosa? Cuando vi en los carteles que veníais al festival, también pensé en si tu seguirías en la compañía, y deseé que vinieses... Me entraron ganas de verte...-. Concepción se apretó un poquito más a su brazo, en señal de agradecimiento. Del teatro pasaron a la política, de ahí a los hijos, de los hijos a los divorcios y de los divorcios a los veranos en el pueblo. Al llegar a la puerta del hotel ella probó -... ¿Por qué no subes un rato, pedimos algo y seguimos charlando? Me has dicho que mañana no tienes que levantarte temprano...-. Y Carlos se dejó llevar. Le ofreció su mano y mientras cruzaban el hall del hotel, tuvo la sensación que volvía a ser un chaval de 12 años atravesando bosques... Cuando un minuto más tarde, él la besó en la incomodidad del ascensor, hubiese jurado que, de nuevo, tenía delante a aquella niña con olor a naranjas.
-Siempre he querido que lo hicieses... -murmuró ella.
-Siempre he querido hacerlo...
-Ahora lo se...








mariposa-sin-alas dijo
Hola, disculpa la tardanza en venir para. Quise pasar para agradecer el q me hayas visitado y me hayas agregado a tu lista d amigos. Para mi siempre es un placer conocer gente nueva, t he agregad yo tambien para continuar leyendote.
Linda historia...
Un beso.
30 Abril 2008 | 09:15 PM